Una anécdota que he de destacar es la de anciano que se
hallaba parado al umbral de su casa. Este permanecía hay con sus manos
encogidas sujetándose una a la otra en actitud de espera, su rostro volteaba de
lado a lado de manera tenue, me parecía que trataba de avistar algo. Aunque que
por alguna razón fracasaba. Salte las cercas con pudor; a que este hombre se enfadara.
Sin embrago sabía que no lo haría, estaba muy ensimismado para enojarse, le
tomo un par de fotos y me voy acercando. Con esperanzas de que advirtiera mi
presencia, no fue así. Me vino a la mente uno de los aforismos de kafka “Hay un
punto en el cual no se puede regresar, y ese punto se puede alcanzar”. Y pensé
en devolverme y dejar a tan extraviado un hombre en sus paradigmas (ya tenía
las fotos). Pero esto sería muy fácil, me acordaba con frecuencia del escrito
en la pared “ESTAMOS EN GUERRA” Henry Miller. Admiraba como el escepticismo
vuelve al hombre adicto de las sorpresas.
Ya a su lado le
interrumpo exabrutamente su ensimismamiento, preguntándole si podría sacarles
fotos. El señor ni se inmuto seguía contemplando al vacio. Tomo un par de fotos
más, con intenciones de mostrárselas, estaba empecinado en que me hablara. Pero
la cámara se descarga.
Como solución le hago un retrato a lápiz. Se lo
entrego con esperanzas de que lo tomara y le sorprendiera. Y si. Suelta sus
manos encogidas para tomar el papel, inclina su cabeza viendo el dibujo de su rostro
invertido. Y Lo envuelve con cuidado para así dejarlo caer en el bolsillo de su
chaqueta.
Para suscitar la
tradición de un pueblo,
Para que un pueblo dance y cante en una voz.
Hace falta calor en las venas,
Hace falta arder en las mismas brazas y sentir
los mismos latigazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario